Imagen de Perfil
El Intervencionista

Álvaro Leyva y la conspiración histórica

El país ha sido testigo de una cadena de hechos que parecen salidos de una novela política, pero que, lamentablemente, se inscriben en la realidad.  Tras su salida abrupta del Ministerio de Relaciones Exteriores, Álvaro Leyva Durán no solo dejó un vacío institucional, sino también un rastro de resentimiento que, según diversas fuentes, ha dado pie a movimientos oscuros con fines desestabilizadores.

Desde entonces, han circulado cartas y mensajes dirigidos al presidente Gustavo Petro, en los que se le acusa de drogadicto, alcohólico e impuntual.  Campañas de desprestigio que, en lugar de argumentos políticos serios, apelan a la difamación personal.  Todo indica que, herido por no haber logrado que su hijo lo sucediera en el cargo, Leyva optó por un camino peligroso: la conspiración.

Según testimonios revelados y grabaciones filtradas, el excanciller habría intentado coordinar acciones con actores radicales —incluso desquiciados, como los llama el mismo autor de esta columna— para impulsar un golpe de Estado contra el presidente Petro.  Una historia que no es nueva si se revisa su trayectoria.

En 1997, cuando el entonces presidente Ernesto Samper lo nombró consejero de paz en el marco de los acercamientos con las FARC y las Autodefensas, Leyva también fue señalado de haber propuesto a Carlos Castaño Gil la organización de una constituyente que, en realidad, sería la fachada de una ruptura institucional.  El propio Castaño lo relata en su biografía Mi confesión, describiendo a Leyva como un personaje que ha flirteado más de una vez con el golpismo.

El presunto atentado contra el senador Miguel Uribe Turbay también se menciona como parte de esta supuesta estrategia.  La hipótesis es clara: generar caos, provocar conmoción y luego argumentar ante la comunidad internacional que el país se ha salido de control bajo el liderazgo de Petro.  Pero el plan fracasó.  Uribe Turbay no es el líder carismático que los conspiradores necesitaban para detonar una movilización masiva.  La captura del sicario frustró el intento, dejando aún más en evidencia la desesperación de ciertos sectores.

Afortunadamente, las Fuerzas Armadas han demostrado su compromiso con la democracia, manteniéndose al margen de aventuras autoritarias y honrando la institucionalidad.  Esta madurez democrática, sin duda, ha sido un freno decisivo ante cualquier intento de golpe.

La derecha tradicional, por su parte, atraviesa una crisis de liderazgo.  No cuenta con un candidato fuerte ni carismático.  Está dividida, desorientada y parece incapaz de presentar una alternativa seria al país.  En contraste, la izquierda ha logrado consolidarse y, si mantiene el apoyo popular, podría continuar en el poder sin necesidad de reformas constitucionales, como sí lo hizo el expresidente Álvaro Uribe Vélez para asegurar su reelección.

En este contexto, es indispensable que la ciudadanía mantenga la memoria viva y los ojos abiertos.  La democracia no se defiende sola.  Y los actores que hoy se presentan como víctimas, podrían ser los mismos que, en silencio, han intentado subvertir el orden institucional desde las sombras.

COMPARTIR
COMPARTIR
COMPARTIR

Más Columnas

Imagen de Perfil

¿Nos ha robado algo la IA? El piano de cola y el músico.

Imagen de Perfil

¡Chengue, el día que el horror rompió el silencio!

Imagen de Perfil

El otro Petro

Imagen de Perfil

La Política es dinámica

Imagen de Perfil

Corralejas en riesgo

Imagen de Perfil

Violencia, microtráfico y territorio (Sincelejo y Sucre)