La consulta popular nace de una rabieta del presidente de la República al enterarse de que la reforma laboral tenía ponencia negativa, hecho que pronosticaba su hundimiento. Fue tal la soberbia del mandatario que convocó para el día del debate una marcha como medida de presión a la comisión séptima del Senado.
Esa fatuidad generó la promoción de una consulta inexistente, que poco a poco se fue construyendo a la sazón de una oportunidad para hacer campaña política con miras a las elecciones del 2026. Es decir, lo que nació de la soberbia del gobernante se convirtió en una estrategia para fortalecer la campaña de congreso y presidencia. La génesis de un monstruo poderoso.
Aprovechando la marcha del Día Internacional del Trabajador, que se conmemora ritualmente todos los años, el presidente lanzó su campaña, que de hecho su escudero llamó mini campaña. Pues de pequeña no tiene nada; se trata de todo un andamiaje para recuperar la imagen del gobierno con miras a las próximas elecciones.
El problema que tiene la oposición no es menor; solamente desde el Pacto Histórico se anuncian 25.000 kioscos informativos en todo el país e igual número de comités para promover el sí a las preguntas a consultar. Mientras tanto, los partidos políticos que se oponen al gobierno no cuentan con una estrategia y no muestran ideas claras para detener esa bola de nieve.
Algunos sectores de oposición se exhiben jactanciosos por la dificultad de alcanzar los 13.654.457 votos que avalan este mecanismo de participación. En su ingenuidad ignoran que el problema central radica en la ventaja que tendrán los partidos políticos de gobierno con la conformación de equipos de campaña con miras a las elecciones de 2026. ¿Y qué decir del aprovechamiento de recursos públicos para tal promoción?
Los partidos políticos que enfrentan al gobierno tienen su propio martirio; están expuestos por falta de líderes, ausencia de programas políticos definidos, división entre ideologías afines. En su discurso solo atacan al gobernante; dicho sea de paso, solo lo fortalecen.
Estos movimientos están desconectados de los sectores vulnerables, no engranan con el pueblo, con ese votante raso, hecho que diluye las posibilidades presidenciales en las próximas elecciones y que sirve en bandeja de plata a los sectores cercanos al poder; al menos por el momento.
Ante este desorden, la oposición deambula por un camino oscuro, sin rumbo y sin luz en el horizonte. Para recuperarse, deberá acabar con la Hidra de Lerna; antes de su desarrollo, esa posibilidad está latente desde el congreso.
Actualmente se debate un proyecto de ley denominado mini reforma laboral, que contiene algunos apartes de las preguntas que propone la consulta popular.
En efecto, de aprobarse la primera y segunda pregunta que propone el formulario, sobre la jornada laboral diurna hasta las 6 p.m. y el 100% de recargo dominical y festivo, el congreso dejaría el camino abonado para que el senado proponga el hundimiento de la misma, en el entendido de que las demás preguntas propuestas están redactadas en abstracto, son inductivas y carecen de soporte económico.
El gobierno le apuesta a un gana-gana con la consulta; si no es aprobada, se victimiza; y de aprobarse, sería inminente su fortalecimiento para las elecciones de 2026.
En efecto, tiene acorralado al Senado.
La solución para acabar con el monstruo serpentino está primero en manos del Congreso, luego en terrenos del Senado; no es una tarea fácil, pero lo que está en juego es la supervivencia política de los partidos opuestos al gobierno.