El pasado 11 de junio de 2025, en la base de entrenamiento de Coveñas, Sucre, la Infantería de Marina de Colombia celebró con orgullo sus 205 años de existencia. La conmemoración bautizada como bicentenaria deslumbró por su despliegue simbólico y militar.
Sin embargo, muchos se hicieron la misma pregunta: ¿no cumplió esta fuerza apenas 87 años el año pasado?
La confusión no es menor. Durante décadas, el aniversario de la Infantería de Marina se celebró el 12 de enero, en memoria del decreto presidencial de 1937 que oficializó su existencia como cuerpo militar formal dentro de la Armada.
Sin embargo, este año, la conmemoración se trasladó al 11 de junio. ¿La razón? Una reinterpretación histórica con fuerza simbólica, el bautismo de fuego del 11 de junio de 1820, cuando 140 hombres comandados por el Gran Almirante José Prudencio Padilla desembarcaron en el fuerte de Sabanilla, en las costas cercanas a Barranquilla.
Esta operación no solo marcó el inicio de una tradición anfibia, sino que tuvo una relevancia estratégica fundamental. Al asegurar este punto, las fuerzas patriotas se hicieron con el control de una posición clave para dominar el acceso al río Magdalena, la principal arteria fluvial del país. Facilitando el abastecimiento de tropas y consolidando la retaguardia para las campañas que consolidaron definitivamente la independencia de las antiguas colonias españolas de la Nueva Granada y Venezuela en la batalla del lago de Maracaibo.
Fue, en esencia, una maniobra audaz que entendía la guerra no solamente como un enfrentamiento en tierra firme, sino un escenario anfibio en el cual el dominio del agua también sería determinante para la victoria.
Aquella primera operación anfibia fue mucho más que un acto militar; fue un movimiento estratégico que demostró la capacidad de operar desde el mar para proyectarse en tierra firme, asegurando un punto clave del litoral Caribe, en cercanías del río Magdalena.
Los “pocos, buenos y orgullosos”, como hoy los reconoce su lema, dejaron en ese desembarco el sello de una doctrina que perdura: movilidad, audacia y compromiso con la soberanía.
Desde entonces, el espíritu de la Infantería de Marina ha acompañado las grandes transformaciones del país, con presencia activa en costas y riberas, allí donde la defensa y el desarrollo van de la mano.
No se trata simplemente de una corrección en el calendario. Este giro narrativo representa una reivindicación para los cerca de 20.000 hombres desplegados y la historia marítima y fluvial de Colombia, donde la infantería de marina ha jugado un papel determinante.
Por eso, más que discutir sobre fechas conmemorativas, el verdadero desafío está en proyectar a la Infantería de Marina como una fuerza moderna, robusta y estratégica, capaz de responder a los retos del presente.
Colombia es un país con más de 3.000 kilómetros de costas y una de las redes hidrográficas más extensas del mundo.
Por lo tanto, no se puede pensar en seguridad nacional sin control efectivo del agua. Fortalecer la Infantería de Marina implica aumentar su pie de fuerza, mejorar su equipamiento, ampliar su capacidad de patrullaje fluvial e invertir en inteligencia.
Pero también exige entender su papel como actor de cohesión territorial, capaz de integrar operaciones de seguridad con proyectos de resiliencia comunitaria y desarrollo local, como lo han hecho en los Montes de María.
Ese es el verdadero legado que merece ser honrado a 205 años de su historia.
El bicentenario conmemorado no debe ser visto como una anécdota numérica, sino como la afirmación de una historia que aún está en construcción. La Infantería de Marina es presente y futuro. Es defensa y desarrollo. Y es, sin duda, una pieza fundamental para el Caribe colombiano y para el país que queremos construir.