Esta semana se conmemoraron 40 años de la integración de la Región Caribe en la Corporación Universitaria del Caribe, CECAR. Cuatro décadas que han transcurrido como las aguas diáfanas de los riachuelos en los Montes de María: fluyendo entre colinas, formando pozas y cascadas, y deteniéndose brevemente para ser admiradas por quienes buscan la pureza de una tierra aún virgen. Así ha pasado el tiempo, dejando en su cauce tanto avances como deudas históricas con una región que aún clama por autonomía y desarrollo.
Hace 40 años, el doctor Luis Manuel Espinosa alzó su voz desde Sincelejo, convocando a las Cámaras de Comercio de la Costa y a la sociedad civil para hablar de integración regional y exigir autonomía para la Región Caribe. Su libro Autonomía Regional fue, en su momento, un texto fundamental para despertar conciencias y abrir el debate sobre el futuro de la región. Fue la chispa que encendió una serie de conversatorios y reuniones, de los cuales surgió la idea de crear una delegación que llevara la vocería ante el Gobierno Central.
Ante la imposibilidad de modificar la Constitución de 1886—que solo reconocía como entidades territoriales a municipios y departamentos—surgieron los Corpes: Consejos Regionales de Planificación Económica y Social, creados bajo la Ley 76 de 1985. Su propósito era claro: garantizar una planificación estratégica del desarrollo, fortalecer la integración económica y social, y dotar a las regiones de herramientas eficaces para administrar su propio progreso. Los Corpes también buscaban establecer lazos de coordinación entre los niveles administrativos y asegurar la participación regional en la evaluación del Presupuesto Nacional de Inversiones y en el diseño del Plan Nacional de Desarrollo.
Pero la historia no fue benévola. La politización, los intereses personales y los egos desbordados terminaron por sepultar la iniciativa. Los Corpes se convirtieron en escenarios de disputas, bastiones del clientelismo y de luchas internas que frenaron cualquier intento real de autonomía y progreso. Lo que pudo ser una ruta clara hacia el desarrollo de la Región Caribe terminó diluyéndose entre las pugnas de poder.
Sobre los escombros de los Corpes nació la Región Administrativa y de Planificación (RAP Caribe), donde los gobernadores asumieron mayor protagonismo. Sin embargo, a pesar de las expectativas, la RAP sigue sin despegar.
Durante la conmemoración realizada en Sincelejo, se rindió un sentido homenaje al doctor Luis Manuel Espinosa. Participaron figuras destacadas, entre ellas el doctor Germán Bula Escobar, expresidente del Consejo de Estado, quien disertó sobre el concepto de autonomía, ese derecho de los territorios para regirse mediante normas y gobiernos propios. El doctor Eduardo Verano de la Rosa ofreció una clase magistral sobre la RAP Caribe y sus desafíos, resaltando cómo, a pesar de los esfuerzos, este modelo sigue sin consolidarse.
Pero lo que más llamó la atención fue la ausencia. Brillaron por su falta los concejales de Sincelejo, los diputados de la Asamblea Departamental y la sociedad civil, cuya voz parece desdibujada en un departamento que aún busca definirse frente a su futuro. El alcalde Yahir Acuña Cardales, por su parte, envió a un representante, pero su presencia protocolaria no logró cubrir el vacío de liderazgo.
La Región Caribe, esa ventana de Colombia al mundo, sigue enfrentando desafíos profundos: erradicar la pobreza, reducir el desempleo, combatir el cambio climático y proteger sus playas de la erosión. Se necesitan líderes comprometidos con proyectos de gran envergadura, alejados de la politiquería y de los intereses mezquinos que tanto daño han hecho a la región. La transparencia y la participación ciudadana son piezas clave para que no pasen otros 40 años en la espera de un futuro que parece nunca llegar.
Es hora de que la Región Caribe aproveche todo su potencial, que despierte del letargo político y construya, con determinación y visión, el desarrollo que tanto merece. El camino está trazado, pero requiere voluntad y acción. Porque esta región no puede permitirse seguir esperando.