Mientras el país espera que en el escenario político surja un candidato consciente, acompañado de un grupo de ciudadanos cuya misión sea impulsar a esta nación por los caminos del desarrollo, aparece, de repente, un rosario de candidatos: nada menos que 107.
Pocos de ellos brillan por su capacidad de argumentación o por su visión de país. Un ejemplo es Miguel Uribe, padre del senador y precandidato presidencial asesinado. ¿En qué momento se preparó para dirigir los destinos de la nación? Pareciera que salió a reemplazar a su hijo, como en una parodia del caso de Luis Carlos Galán, quien sí fue un gran candidato y quizás por eso lo asesinaron, al igual que a Álvaro Gómez Hurtado, víctima de las balas asesinas cuando el país veía en él a un hombre capaz de devolverle un rumbo digno a la patria.
Los que voten por Uribe Turbay quieren hacernos regresar al pasado. Además de su incompetencia, pertenece al fatídico Centro Democrático, que tiene como precandidatos a María Fernanda Cabal, Paloma Valencia y al hombre del sombrerón, Andrés Guerra. Si alguno de ellos llega a ser presidente, nuestra querida Colombia navegará por aguas tan turbulentas que ni en el Mar Muerto habría salvación.
Efraín Cepeda, expresidente del Senado, conocido como “el jefe de la banda”, que se negó a aprobar la reforma laboral —tan vital para trabajadores y campesinos—, ahora pretende lanzarse a la presidencia para hacer lo que no hizo en más de diez años en el Congreso.
De estos 107 candidatos tendrá que salir alguien que, al menos, supere al dictador Gustavo Rojas Pinilla, quien, entre otras cosas, construyó el Aeropuerto El Dorado y trajo la televisión a Colombia. Sin embargo, es evidente que al menos la mitad de estos aspirantes no tiene presentación ni plan de gobierno. Están improvisando.
La llamada Fuerza de las Regiones tendrá que seguir en formación. Tal vez, dentro de cuatro años, surja un verdadero líder que pueda conducir al país hacia un futuro mejor.
Qué bueno sería que Colombia volviera a parir hombres y mujeres comprometidos con la acción social y con la recuperación del tejido comunitario, para que la pobreza no siga golpeando con sevicia al pueblo.
¿Será capaz la derecha de generar el cambio profundo que necesitamos para alcanzar la patria grande y hermosa con la que soñamos? Estoy seguro de que no. Parecen satisfechos con lo que tienen. No piensan en nosotros, los de abajo.
Ellos solo entenderán el clamor popular cuando estalle la revolución.