Victimismo

Por mucho tiempo creí que la falla más grande en las comunicaciones entre las personas obedecía a la falta de escucha y de búsqueda de verdadero entendimiento de lo que los otros tienen por decir.

Sin embargo, existe otro tipo de malestar en nuestra comunicación que nos ha alejado de una concertación en temas políticos, sociales y personales: el victimismo. Hay quienes piensan que todo comentario en contra de sus ideas y propuestas corresponde a un ignorante, bodeguero o alguien que busca hacerles un mal.

Seguramente en algunos casos esto puede ocurrir, pero lo cierto es que hasta las voces disidentes deben tener cabida en nuestras propuestas porque de lo contrario imponemos más que concertar.

La semana pasada hubo revuelo por la decisión de la Corte Constitucional de aceptar la propuesta del grupo El Veinte, quienes abogaban porque las personas puedan elegir las aplicaciones que deseen que sean ofertadas de forma gratuita en sus planes de datos. Es una acción loable, pero que tiene muchos temas que nos juegan en contra como usuarios.

Mis comentarios frente a esta acción legal, prefiero reservármelos, así como este grupo ha preferido reservar sus fuentes de financiación y hacerse el de la vista gorda frente a lo que el gremio al final decidirá: no dar gratuidad en apps a modo de beneficio a los usuarios.

No sabemos aún a ciencia cierta si el gremio elegirá esta opción o permitirá que los usuarios seleccionemos las aplicaciones que queremos gratis, pero como se lo destacó Néstor Morales en Blu Radio a la periodista Ana Bejarano, quien preside el grupo antes mencionado, la acción será siempre insuficiente frente a la búsqueda de la neutralidad en la red.

Por esta razón, me parece más importante que hablemos de la estrategia comunicativa que usó el grupo, pues la vemos a diario en el congreso, en el presidente y, probablemente también, en nuestras interacciones diarias.

En el libro Crítica a la víctima de Daniele Giglioli, el autor menciona que en la actualidad las personas prefieren decir que alguien los está atacando para no hacerse responsable de sus propias acciones o incluso volverse incuestionables.

Muchos fueron los trinos, columnas y comentarios que recibió la periodista Ana Bejarano por su acción legal, pero ella se encargó de darle visibilidad sólo a los ataques. La misma actitud la realizan a diario varias personas de la red social X de forma consciente y estratégica para obtener más vistas, pero al final, termina siendo un ejercicio de irresponsabilidad hasta con sus mismas ideas.

Pues en medio del barullo, de los ataques, se concentran los proponentes en defenderse o crear muros de contención que cierran al diálogo las críticas y se imponen como únicos interlocutores válidos.

Alguien sale a decir que lo atacaron y de inmediato tiene personas que buscan defenderlo, aún sin conocer los pormenores de las ofensas. Sin duda, como colombianos debemos trabajar en las formas en las que nos expresamos y en las que queremos ser escuchados, pero más importante me parece que nos destapemos los oídos y sepamos escuchar antes de alzar la bandera de ser víctimas.

Desde hace un tiempo, me siento un poco frustrado porque muchas personas no ven las narrativas con las que los embaucan. Creen ciegamente lo que dicen de un lado o del otro, se dejan llevar por la marea que les proponen y a todos nos cuesta un poco pensar con cierta malicia de nuestros dirigentes, pero me gustaría hacer la invitación a que vayamos más allá de la indignación fácil.

Si en algo son buenos los políticos y los periodistas es en distorsionar y poner a su favor las narrativas, más cuando mueven sentimientos profundos. No de forma gratuita; tenemos montado en la presidencia a un populista que le vendió a la gente la idea de que se podía hacer de todo sin tener en cuenta las finanzas del Estado.

Quiero soltar esta frustración de que la gente no logre ver la gran pintura, los actores ocultos, las jugadas por y para el poder, pero el sentimiento sólo crece porque vemos las noticias como algo de momento y no como aquello que nos destruye a todos como nación, pues nos aleja de la construcción de paz (concertación) y de encontrar lo común en nuestra identidad.

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