Hubo un tiempo en que cuando se decía nuestro partido, se entendía que era el Conservador o el Liberal, los únicos que, alternativamente, escribieron la historia democrática del país desde los albores de la República, con un sistema bipartidista como el que aplica en Inglaterra y en Estados Unidos, dos de los más exigente símbolos de la democracia.
Aquello ocurría aquí, hasta cuando en 1991, la complaciente nueva Constitución permitió la existencia de setenta de ellos, reducidos luego en virtud del umbral a solo catorce, y luego a los veintitrés que hoy tienen personería jurídica, dedicados a expedir avales a quienes lo soliciten sin importar ni militancia ni compromiso.
Esos centenarios partidos ya no son los mismos que conocimos cuando sus más visibles conductores hacían la política basados en principios con especial énfasis en la tradición, el orden, la justicia, la libertad y lo social.
Los mismos que, durante muchos años, llevaron su representación en el Congreso y en el Gobierno, siempre en defensa de su continuidad histórica frente al embate de los contradictores de la otra orilla, no exenta de violencia teñida de sangre (superada por el Frente Nacional 1958-74) y luego de las divisiones internas, sorteadas con rigor, pero con la lealtad propia de los copartidarios identificados por similares propósitos.
Era cuando se podía ser liberal o conservador, sin términos medios, sin excluir, por supuesto, otras tendencias extremas, por entonces de poca influencia.
Lo que hoy tenemos en el país es una profunda crisis de ambos partidos burocratizados y sin norte, hasta el punto de haber sido vencidos, si es que no despreciados en la conquista de la presidencia, por un joven abogado sin militancia conocida.
Y en el caso del conservatismo ya en las puertas de las elecciones de octubre 2027, por no conocerse oficialmente candidaturas para la alcaldía de Sincelejo ni para nuestra gobernación.
Esta situación dejará en dificultades a no pocos de los factores y actores electorales, lo que, además, demuestra la decadencia que afecta, no sólo a las colectividades políticas, sino también a los propios ciudadanos en trance de elegir gobernantes sin brújula programática ni ideológica. Entonces, ¿así cómo?
NOTA No sobra recordar que, quien esto escribe, fue el último alcalde conservador de Sincelejo, hace cincuentidos años, y el último gobernador, del mismo partido, hace cuarenta.