Una nueva masacre laboral se gestó en Sincelejo, esta vez en la E.S.E. San Francisco de Asís: 74 cargos serán suprimidos, entre médicos, enfermeras, auxiliares, celadores y personal de servicios generales, muchos de ellos ocupados por trabajadores de carrera administrativa.
Y mientras se golpea la estabilidad de estos servidores y sus familias, la entidad compromete más de $8.789 millones de pesos en la contratación de personal para realizar precisamente las funciones de los empleos sacrificados.
En plena época electoral, la pregunta resulta inevitable: ¿reestructuración administrativa o una masacre laboral que termina abriendo nuevos espacios para el manejo burocrático?
El origen de esta reestructuración está en un Estudio Técnico contratado a Lucedy Trujillo Lazo, documento que sirvió de soporte para rediseñar la planta de empleos de la E.S.E. y sustentar la modificación de su estructura administrativa.



Con base en ese estudio, la Junta Directiva de la Unidad de Salud San Francisco de Asís expidió el Acuerdo No. 003 del 31 de agosto de 2026, mediante el cual adoptó la nueva estructura y la supresión de empleos. La decisión fue suscrita por Jhan Carlos Troaquero Pérez, alcalde encargado y presidente de la Junta Directiva, y Claudia Patricia Quinto Madrid, gerente de la E.S.E.

El primer golpe de la reestructuración es la supresión de 74 cargos de la planta de personal de la E.S.E. En esa lista aparecen médicos generales, odontólogo, enfermeras, auxiliares del área de la salud, técnicos, auxiliares administrativos, celadores y seis cargos de auxiliar de servicios generales. No son cargos ajenos al funcionamiento de la entidad: son empleos ligados a la atención y a las tareas diarias de la institución.



Por otra parte se creó una nueva planta de personal compuesta por 46 empleos globales y 30 empleos transitorios, cuya entrada en vigencia fue fijada para el 16 de septiembre de 2026.
El cambio es sustancial: desaparecen 74 cargos de la planta y, al mismo tiempo, la entidad mantiene la necesidad de contar con personas para cumplir buena parte de esas tareas. Los cargos se suprimen; el trabajo, por lo visto, no.
Y aquí es donde la historia empieza a cambiar de sentido. El 1 de septiembre de 2026, apenas un día después de la expedición del Acuerdo No. 003, la E.S.E. suscribió sendos contratos para mantener servicios que continúan siendo necesarios para su funcionamiento.
El Contrato No. 630 de 2026, suscrito con el Sindicato de Trabajadores de la Costa – SINTRACOSTA, por $1.345. millones de pesos , contrató servicios de personal profesional especialista, técnico, auxiliares administrativos, auxiliares de farmacia, gestores de promoción, oficios varios y conductores.

El Contrato No. 632 de 2026, suscrito con el Sindicato de Trabajadores de la Costa – SINTRACOSTA, por $1.543. millones de pesos , contrató servicios asistenciales de auxiliares de odontología, auxiliares de enfermería, citología, técnicos en rayos X, auxiliares de laboratorio y promoción de demanda inducida.

El Contrato de Prestación de Servicios No. 633 de 2026, celebrado con el Sindicato de Trabajadores Independientes del Sistema Integral de Seguridad Social – SINTRAINSISS, por $1.549 millones y con plazo de cuatro meses, tiene por objeto la prestación de servicios profesionales de médicos generales.

El Contrato No. 634 de 2026, celebrado también con SINTRAINSISS, por $1.419 millones de pesos, contrató profesionales de odontología, psicología, trabajo social, fisioterapia, fonoaudiología, enfermería profesional y bacteriología.

Finalmente, el Contrato No. 638 de 2026, suscrito con Alianza Global de Empresas S.A.S., por $2.930 millones de pesos, destinó recursos a la contratación de personal para mantenimiento, aseo y oficios varios.

En conjunto, estos cinco contratos comprometen la pírrica suma de $8.789 millones de pesos durante cuatro meses, Los cargos salen de la planta; las funciones, en cambio, siguen teniendo contrato. Una contradicción que resulta difícil de maquillar con términos como “reorganización” o “eficiencia administrativa”.
Los cargos se suprimen, pero las funciones no desaparecen: reaparecen contratadas por fuera de la planta. Los Contratos Nos. 630,632, 633, 634 y 638 de 2026 tienen un elemento común: todos están dirigidos a vincular personal para desarrollar labores asistenciales, médicas, de enfermería, profesionales de la salud, mantenimiento, aseo y oficios varios, varias de ellas relacionadas con las funciones de los empleos incluidos en la supresión
¿ Entonces a quiénes quieren meterle los dedos a la boca con esta «reestructuración»?
Eliminan los cargos alegando una nueva estructura, pero el trabajo sigue ahí, esperando a quien lo haga; solo que ahora entra por la puerta de la tercerización y bajo la modalidad de contratación directa.
¿De qué sirve acribillar la planta de personal si la necesidad permanece?
¿Dónde está la eficiencia o, más bien, la falta de decencia para tomar una decisión así ?.
Señora gerente, no sea descarada ni indolente. Mientras castiga al trabajador suprimiéndole su empleo y poniendo en riesgo el sustento y la estabilidad de su familia, premia la contratación externa, donde, en cambio, el dinero sigue fluyendo hacia nuevas formas de vinculación mientras desaparecen los empleos formales.
Y esa es precisamente la parte que la E.S.E. tendrá que explicar de frente a los trabajadores y a la ciudadanía: ¿por qué para unos desaparece el cargo y para otros aparece el contrato?
¿Con qué cara, con qué cinismo, pretende la gerente de la E.S.E., Claudia Quinto, mirar ahora a sus propios colaboradores, a quienes llevó a la guillotina laboral, sabiendo que detrás de cada uno de esos cargos hay una familia que depende de un salario?
¿Cómo se le explica a la esposa , al hijo o a la madre de ese trabajador que durante años sostuvo los servicios de la institución que su cargo ya no es necesario, mientras la entidad que dirige firma contratos para seguir garantizando funciones similares?
¿Cómo se habla de eficiencia frente a quien pierde su estabilidad laboral, mientras por otra puerta entran contratos millonarios?
La guillotina administrativa puede estar escrita en un acuerdo y revestida de lenguaje técnico, pero sus consecuencias tienen rostro, nombre y familia.
Y esas familias tienen derecho a preguntar por qué fueron ellas las que terminaron pagando el precio de una reestructuración que todavía deja demasiadas preguntas sin responder.
Señora gerente, ojalá cuando llegue a casa y se siente a la mesa con su familia, recuerde también a las familias que hoy sufren las consecuencias de esta masacre laboral. Que detrás de cada cargo suprimido hay un trabajador y un hogar que quedan enfrentados a la incertidumbre de la vida, sin saber qué les espera mañana.
Posdata: El único responsable de toda esta masacre administrativa es Yahir Acuña Cardales.