Voltaire: “Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable”.
Tradicionalmente, las “sectas” son grupos que nacen en entornos religiosos, como movimientos espirituales con tendencias a la exclusividad, y separados de la doctrina ortodoxa.
En sus procesos de instrucción, consiguen implantar en sus seguidores, una conciencia colectiva de gueto, alineándolos con tal docilidad y a tal extremo que el individuo pierde la autonomía personal ( despersonalización ) y su espontaneidad es manipulada por una “verdad alterada”, que trabaja en beneficio de los intereses particulares de su líder o caudillo y que sus seguidores, por ser fanáticos y proselitistas, son capaces de defender hasta la muerte.
Las sectas nacen en ambientes de antagonismo social, donde es predominante la pérdida de credibilidad institucional, de entornos de inseguridad, incertidumbre, miedo e idealismos pesimistas, que son el caldo de cultivo, para la aparición en escena de supuestos supra hombres extraordinarios que pueden sacar a la sociedad del caos y la perdición.
Y es que hoy en día, las sectas ya no solo se circundan exclusivamente al tema religioso; pues, en el contexto político, en la historia reciente de la humanidad, han aparecido caudillos supremos que han convertido movimientos y partidos en verdaderas “sectas políticas ”, como por ejemplo, el Partido Nacionalista Obrero Alemán de Adolf Hitler, (1933-1945) quien logro atraer la fe ciega de las mentes colectivas de los alemanes, implantándoles la ideología del nacionalismo -nazismo- sobre cuyo pedestal se instituyó la dictadura del “Tercer Reich”; Y se gestó el holocaustos judío, unos de los más terribles genocidios que hacen parte de los anales vergonzosos de la estupidez humana..
Las “sectas políticas” en Latinoamérica, han tenido gran proliferación en los inicios del siglo XX, y se han revelado en todo tipo de ideologías , tanto en partidos de -derecha- como de – Izquierda-; Con una causa en común, y es la debilidad institucional que caracteriza los gobiernos de nuestra región, y que se configura, en los vacíos de un “Estado de derecho fallido” , ante las crisis sociales producidas por la corrupción, la injusticia social, la pobreza , la violencia y la desesperanza.
Personajes como Daniel Ortega en Nicaragua, Evo Morales en Bolivia, y Hugo Chávez en Venezuela, son fieles representantes del supracaudillismo posmoderno de la extrema izquierda, y del sectarismo político, cuyo aparato ideológico sentó sus bases sobre discursos populistas de corte bolivariano, que terminaron refundando sus instituciones democráticas bajo la consigna del «-Socialismo del siglo XXI», quienes aceitaron su legitimidad para ser elegidos democráticamente utilizando los recursos estatales en favor de los “ desposeídos” con el fin de atraer, mantener y refrendar su apoyo .y que hoy en día tienen a sus naciones en el más profundo atraso social, político y económico.
Así mismo, Colombia tiene dos de los más importantes representantes del caudillismo posmoderno de la extrema derecha e izquierda en Latinoamérica. El expresidente y exsenador Álvaro Uribe Vélez. Quien creó su propia doctrina política denominada “El Uribismo”, basada en ideas y propuestas que fueron organizadas en el -manifiesto democrático- y cuya piedra angular se centró principalmente en dos pilares: La seguridad democrática y el estado comunitario. Así como nuestro actual presidente Gustavo Petro Urrego, quien logró rejuntar retazos progresistas alrededor del pacto histórico y su insignia “La Colombia Humana”, donde confluyen sus copartidarios de izquierda de todos los colores y alas políticas.
El sectarismo, desnaturaliza el sentido filosófico de los partidos políticos, ya que no permite el ejercicio natural de la democracia, levanta barreras de insolidaridad entre los propios conciudadanos, no crea cultura de pacto ni de acuerdos sociales, nos divide y nos debilita como Nación, pues desgasta las instituciones, nos hace intolerantes y rompe con la equidad y la justicia, ya que siempre existirán los dominantes y los vulnerables.
Colombia no necesita caudillos ni de derecha, ni de centro, ni de izquierda, sino dirigentes asertivos, que promulguen la unidad nacional, capaces de encontrar las coincidencias en medio de las diferencias y la tolerancia en medio de las distancias ideológicas, para que juntos logremos buscar soluciones a las problemáticas que agobian históricamente al pueblo colombiano.