«El Salvador pasó de ser un país inviable a ejemplo mundial de gobernanza, por determinación de la sociedad para cambiar la clase política tradicional», Andrés Guzmán, asesor del presidente Bukele.
El 24 de julio de 1956, el liberal Alberto Lleras Camargo y el conservador Laureano Gómez firmaron el Pacto de Benidorm, con el cual los partidos Liberal y Conservador se comprometieron a turnarse la presidencia y repartirse la burocracia en partes iguales. Así nació el Frente Nacional, que gobernó Colombia durante 16 años (1958-1974), excluyendo a otras fuerzas políticas y profundizando la crisis social.
Los presidentes de este periodo fueron:
• Alberto Lleras Camargo (1958-1962)
• Guillermo León Valencia (1962-1966)
• Carlos Lleras Restrepo (1966-1970)
• Misael Pastrana Borrero (1970-1974)
Este modelo de alternancia política generó un profundo descontento, ya que las decisiones del país quedaron en manos de una élite que gobernaba sin oposición real. Como resultado, surgieron movimientos guerrilleros como las FARC-EP, el EPL, el ELN y el M-19, reflejo del descontento de sectores marginados.
Tras la desaparición del Frente Nacional, la política colombiana continuó dominada por los mismos sectores de poder. Desde Alfonso López Michelsen hasta hoy, hemos visto desfilar gobiernos que han perpetuado la corrupción, el clientelismo y la desigualdad. Ninguno ha asumido un verdadero “mea culpa” por el daño causado, y en lugar de corregir el rumbo, han afianzado prácticas que han sumido al país en la pobreza y el abandono estatal.
Un país atrapado en la corrupción y el clientelismo.
Colombia no ha logrado cerrar sus brechas sociales. Mientras una minoría se enriquece con recursos públicos, la mayoría de la población enfrenta problemas estructurales como:
• Pobreza extrema: Más del 39% de los colombianos vive en condiciones de vulnerabilidad.
• Desigualdad alarmante: Colombia es uno de los países más desiguales de América Latina.
• Corrupción endémica: Escándalos como Odebrecht, el Cartel de la Toga y los desfalcos a la salud y educación han demostrado cómo la clase política ha saqueado al país.
• Violencia e inseguridad: La falta de oportunidades ha alimentado ciclos de violencia, mientras las zonas rurales siguen olvidadas.
A pesar de este panorama, la derecha y la burguesía colombiana intentan recuperar la presidencia, ignorando el legado que dejaron: violencia, pobreza y falta de oportunidades para la Colombia profunda.
Un llamado al despertar ciudadano.
Colombia necesita un cambio de mentalidad. No podemos seguir repitiendo los errores del pasado ni permitir que los mismos sectores sigan en el poder con las mismas prácticas de siempre.
Es momento de construir un país con una visión diferente, donde el liderazgo político no sea un negocio personal, sino un compromiso con el bienestar colectivo. Necesitamos un gobierno transparente, incluyente y comprometido con el desarrollo real de la nación.
El tiempo de la vieja política se acabó. Deben irse a trabajar, porque demasiados han vivido de la politiquería y el engaño.
El pueblo colombiano merece un nuevo horizonte. Un proyecto político que gobierne con honestidad, gestione bien los recursos y garantice oportunidades para todos.
Por esto y mucho más, no deben volver.