Ley de financiamiento: de la negación a la acción.

La reforma tributaria o mal llamada Ley de Financiamiento presentada por el Gobierno Nacional al Congreso de la República fue negada por sus comisiones económicas, donde se pretendía buscar algo más de 9,8 billones de pesos para completar el faltante de presupuesto del 2025.

Hoy ese presupuesto de 523 billones de pesos está desfinanciado en 12 billones; esta hecatombe se veía venir, en razón de que el Gobierno en las 4 comisiones de presupuesto en la Cámara y Senado no tenía las mayorías; una derrota política y financiera que estaba cantada.

Ahora al Gobierno no le queda tiempo de llorar y lo que debería hacer para la tranquilidad de los colombianos es ver cómo salimos de este obstáculo tan complejo. Dejar a un lado el querer, el pensar y buscar el hacer sobre la base de hechos que generen resultados en el corto y mediano plazo.

Se debería pensar en cómo hacer recortes presupuestales a la burocracia del Estado para que no se afecten los programas sociales que tanto quiere proteger el Gobierno.

Debemos buscar la reactivación económica sin descuidar los proyectos de interés nacional, como los de infraestructura (Vias 5G) y vivienda, que generan empleo y dinamizan la economía.  Igualmente debemos garantizar a la inversión privada (alianzas público-privadas) unas reglas claras del juego, dado que hoy es poco atractivo invertir dinero privado en proyectos publicos  por la incertidumbre jurídica en que nos encontramos.

En sectores como el minero-energético, la empresa más importante de este país, como lo es Ecopetrol, debe ponerse a trabajar a todo vapor, dinamizando la exploración y explotando todo su potencial de producción de hidrocarburo; esto generaría alrededor de 50 billones de pesos de ingresos. No como sucede hoy en día, que para este último trimestre las utilidades bajaron en un 35%.

Si se lograra producir mucho petróleo y gas (como lo que se estima en el pozo Gorgon-2) tendremos la posibilidad real de ser autosuficientes presupuestalmente sin afectar a los colombianos con más cargas impositivas. Querer es poder, lejos de vanidades y egos. Decisiones políticas pensadas solo para beneficiar a los ciudadanos.

Debemos dejar de estigmatizar la industria petrolera, que es de las que más genera ingresos al Estado por el pago de regalías, y más bien brindarle a los contribuyentes tranquilidad y seguridad de que el recaudo de sus impuestos serán bien invertidos.

Hoy la tasa de recaudo en nuestro país es baja con relación a otros países vinculados a la OCDE. La meta para finalizar este 2024 debe ser, sin duda alguna, bajar el gasto público y no creernos el cuento de que somos la sexta posición en el desempeño de la economía, cuando indicadores como los parámetros del PIB, el sector bursátil, la inflación, el desempleo y el déficit público muestran una realidad que no es digna de reconocimientos y que el día de mañana lo podemos estar lamentando si no se toman medidas más rigurosas.

Hoy tenemos un crecimiento económico bajo y una situación fiscal compleja, deficitaria de alrededor del 6% del PIB. Recordemos que los colombianos que viven y trabajan en el extranjero aportan alrededor de 1000 millones de dólares al mes para el sostenimiento de las familias en nuestro país.

Presidente, estas reflexiones debe hacerlas con los empresarios, inversionistas, congresistas, sabemos que es muy difícil, pero hay que hacerlo por el bien de nuestra nación. Los climas políticos toca bajarlos; hay que conciliar, no se puede ni se debe atropellar a los que representan a los colombianos; esos congresistas también fueron elegidos bajo reglas de juego democráticas y merecen todo el respeto.

 

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