Sincelejo es el único municipio que ha padecido dos pandemias: el Covid-19 y la oposición política del exalcalde Andrés Gómez. La primera terminó, pero la segunda, que obstruía el desarrollo de la ciudad, oponiéndose como palos en la rueda a toda la política pública con el único objetivo de obtener el poder, persiste sin escrúpulos, generando una desgracia financiera en el municipio, solo en un año.
Desde el primer momento de su gobierno, Andrés Gómez fue el blanco preferido de una oposición rastrera, que se había integrado en su contra como enjambre de abejas al ataque, con el propósito de separarlo de la alcaldía.
Lograron suspenderlo con acusaciones infundadas que aún repiten como loros y que posteriormente desecharían los órganos de control; demandaron la inversión de la ciudad por $45.000 millones, suspendiendo el crédito de Findeter por más de un año, afectando directamente a la población más vulnerable de la ciudad que no les interesó. El poder era la prioridad; luego, alcanzarían inicialmente su objetivo el 23 de junio de 2022, con el esperpento de fallo del Consejo de Estado que declaraba la nulidad de su elección.
Gómez Martínez se defendió en derecho, con las herramientas que el ordenamiento jurídico constitucional le proporcionó, hasta que el día 8 de agosto de 2023 fue separado de su cargo.
Hasta allí, siempre garantizó el debido cuidado en las finanzas públicas, como era tradición en Sincelejo en los dos periodos anteriores de alcaldía. Inclusive, en medio de tanto ataque, consiguió duplicar los ingresos del municipio a través del catastro multipropósito. Mientras que al inicio de la administración recaudó $60.000 millones en 2020, proyectó recaudar $124.000 millones para el 2024.
La prudencia en el manejo de las finanzas públicas solo perduraría hasta la salida de Andrés Gómez de la alcaldía. A partir del 9 de agosto de 2023, fecha en que el gobernador designara a la alcaldesa encargada, comenzaría la fase de propagación del virus que se carcome al municipio desde las finanzas. Mejor dicho, inició el derroche.
La oposición llegó al poder y todo el mundo sabía quién gobernaba tras bambalinas. La forma de gastar sin asco de los nuevos integrantes del palacio municipal llevó a cerrar el año 2023 con un déficit fiscal de $12.918 millones en los ingresos corrientes de libre destinación, algo que no sucedía en doce años de cuidado fiscal. Multiplicaron el virus en menos de cinco meses.
Pero la pandemia no paró allí; con la entrada del alcalde actual, el gasto público alcanza el máximo techo de propagación de la enfermedad tan solo en un año, originando el déficit fiscal más grande en la historia de la ciudad. Es decir, los sincelejanos debemos pagar una nueva obligación que equivale a $57.185 millones, por el capricho del gobernante.
Un despilfarro que poco desarrollo social generó.
El virus de esta pandemia tiene dos problemas: el primero radica en su adicción, causal del síndrome del desorden financiero público, un padecimiento que lleva al mandatario a querer gastar más de lo que recauda. Así los ingresos hayan aumentado por la actualización catastral, no importa; siempre querrá gastar en forma creciente y desordenada sin tener objetivos claros para la ciudad: la evidencia, el presupuesto desfinanciado para 2025 y la modificación que actualmente ejecuta sobre el catastro para cobrar más impuestos.
El segundo problema son los efectos secundarios de esta enfermedad, que algunos se padecen inmediatamente en esta administración, como el retraso de pagos en los contratos de prestación de servicios y los giros a las entidades descentralizadas.
Pero las mayores secuelas quedarán para los años siguientes, porque todos los sincelejanos, inclusive las generaciones futuras, nuestros hijos, deberán pagar este descalabro. Una lidia para los próximos mandatarios.
Para pagar el déficit fiscal no bastará con vender los inmuebles públicos de la ciudad o entregarlos en dación en pago; esto requiere decisiones políticas de austeridad y compromiso financiero público. Pero un presupuesto para 2025 con los mismos errores que llevaron a este desastre solamente prolongará el síndrome.
En apenas un año de esta administración, ya cargamos al municipio con una obligación sin antecedentes. Hay que pagarla y esperar que no siga creciendo; empero, por lo que muestra el alcalde, es muy complejo el panorama para que Sincelejo se recupere fácilmente de esta nueva pandemia.