Fumatón Cannábico en Sincelejo: un mensaje peligroso a la juventud

Desde mi rol como ciudadano comprometido con los valores de nuestra sociedad y como padre de familia preocupado por el futuro de nuestras nuevas generaciones, no puedo quedarme en silencio ante la autorización de la alcaldía de Sincelejo para la realización del evento denominado “Fumatón Cannábico en Sincelejo”, promovido por la llamada Comunidad Cannábica de Sucre.

Este tipo de actividades, lejos de representar un ejercicio de libertad o una expresión cultural válida, constituye un peligroso mensaje para nuestros niños, adolescentes y jóvenes. En una sociedad donde tantos luchamos día a día por alejarlos del consumo de sustancias psicoactivas, resulta profundamente irresponsable que se celebre públicamente el uso de la marihuana, como si se tratara de una práctica normal o incluso positiva.

¿Qué le estamos diciendo a la juventud? Que consumir cannabis es algo aceptable, divertido, que se puede hacer en colectivo, con música y sin consecuencias. Pero la realidad es muy distinta. Numerosos estudios médicos y psicológicos han evidenciado los efectos nocivos del consumo de cannabis, especialmente en cerebros en desarrollo: deterioro cognitivo, afectaciones emocionales, dependencia, deserción escolar y, en muchos casos, el paso a sustancias más peligrosas.

Además, no debemos ignorar un hecho contundente: la legislación colombiana no permite el consumo recreativo colectivo de cannabis en espacios públicos. La Constitución y la ley exigen que se protejan los derechos de los menores, el orden público y la salud colectiva. ¿Cómo justificar entonces que se realice un evento masivo que infringe todos esos principios?

Desde una perspectiva cultural y moral, nuestro pueblo ha sido históricamente defensor de valores que promueven el respeto, el esfuerzo, el autocuidado y la solidaridad. Celebrar el consumo de una droga es incompatible con esos principios. Y desde una óptica religiosa, como creyente, considero que nuestros cuerpos no deben ser entregados al deterioro físico ni a la esclavitud de adicciones que oscurecen la mente y el alma.

No me opongo al debate sobre el uso medicinal del cannabis ni a la libertad de expresión. Pero hay una línea clara entre el debate responsable y la apología del consumo. Este evento traspasa esa línea. Es un acto que normaliza lo que no debe ser normalizado, que celebra lo que como sociedad debemos desalentar, y que pone en riesgo a quienes más debemos proteger: nuestros hijos.

Por eso, hago un llamado a los padres de familia, a los educadores, a las autoridades civiles y policiales, y a todos los ciudadanos de bien: no podemos ser indiferentes. Levantemos la voz, defendamos nuestros valores y exijamos que Sincelejo no sea escenario de eventos que promuevan el consumo de drogas. La libertad no puede ser excusa para el desorden. La cultura no puede ser disfraz de la ilegalidad. Y la juventud no puede ser sacrificada en nombre de ideologías que solo generan dependencia y destrucción.

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