La seguridad y el «Tergiverso».

Etimológicamente, «universo» es una palabra compuesta cuya raíz proviene del latín universus y se bifurca en dos fonemas: unus (uno) y versus, que es el participio del verbo vertere (dar vueltas); es decir, el universo hace referencia al “uno y todo lo que lo rodea”, como el planeta Tierra y todo lo que está fuera de él, en palabras simples, “el cosmos”. Pero también atañe a conceptos como “realidad”.

A partir de esta terminología, en el año 1895 se acuñó un nuevo término, “multiversos”, por parte del psicólogo William James, cuyo uso es común en cosmología, física y filosofía, haciendo referencia a “mundos paralelos” o “realidades alternativas”. En la ficción, un mundo o realidad autónoma y separada que coexiste con el mundo real.

Y que posteriormente da origen en el mundo tecnológico al vocablo “metaverso”, una fusión de la realidad física con la virtualidad digital donde convergen la realidad virtual con la realidad aumentada, que permiten interacciones multisensoriales en entornos virtuales, objetos digitales y personas.

El concepto de “universo, multiverso y metaverso” es una herramienta metafórica pertinente en el constructo social, para entender cómo en un mundo real se pueden edificar imaginarios colectivos que crean “mundos alternativos” a partir de la difusión de información inexacta o en algunos casos engañosa sobre contextos políticos, sociales y económicos inexistentes, por medio del uso de medios de comunicaciones análogos (prensa, radio y televisión) con pautas millonarias y las modernas aplicaciones tecnológicas como Facebook, Instagram, X, entre otras, que difunden relatos para manipular la opinión pública.

Con la creación y amplificación de contenidos distorsionados, nuestros gobernantes construyen narrativas populistas dirigidas a sectores poblacionales con alto grado de vulnerabilidad y con necesidades básicas insatisfechas, aprovechándose además de su bajo nivel de escolaridad para hacerles creer que sus problemas han sido resueltos: con programas sociales mal ejecutados, eventos masivos y proyectos fútiles que no mueven ni una centésima los indicadores de cumplimiento de los planes de desarrollo institucionales que parieron los planes de gobierno prometidos por políticos en época electoral.

Sincelejo se ha convertido en un “tergiverso” donde se han opacado las problemáticas de nuestra ciudad con estrategias mediáticas que desorientan al ciudadano de los fenómenos sociales reales que enfrenta la ciudad, para esconder la verdad, y es que el déficit fiscal de 57.000 millones de pesos arrojados en la vigencia 2024 en nada se ve reflejado en inversión social y en atacar las vicisitudes estructurales de la capital y aun así nos venden como la “ciudad más segura” por estadísticas a la baja en tasas de criminalidad.

Lo paradójico es que estemos por encima de otras ciudades capitales donde históricamente han contado con un robusto presupuesto para inversiones en seguridad.  A modo de muestra, en la vigencia 2024, en ciudades como Bogotá se invirtieron un billón de pesos anuales, en Medellín 300 mil millones anuales y en Barranquilla 80 mil millones anuales, para reforzar las capacidades operativas de la policía, el ejército, la armada y el CTI, en dotación, equipos de comunicación e innovación tecnológica de última generación.  Aun así, estas ciudades de primer nivel enfrentan grandes retos para la disminución de sus tasas delictuales por el aumento en los delitos de alto impacto.

El escenario de inseguridad del Gobierno Nacional es aún peor, así lo visibilizó la revista Semana en un artículo reciente del 2 de febrero de los corrientes, donde dio a conocer un informe de la Fiscalía que reveló, según sus propias palabras, «una nueva vergüenza nacional», ya que el Ministerio de Defensa estaría “maquillando” las cifras en materia de inseguridad en Colombia en delitos como secuestro, extorsión, hurtos y masacres.  Lo anterior, sin perjuicio de los últimos eventos de afectación de orden público que han ocasionado «crisis humanitarias» en la zona del Catatumbo, Chocó y Caquetá.

En cambio, en un universo paralelo, mientras los grupos criminales financiados por el narcotráfico ponen en jaque la seguridad nacional, en Sincelejo estos mismos actores ilegales los tenemos arrinconados y a sus supuestas cabecillas de renombre, tras las rejas.    Nuestra novedosa estrategia local en seguridad se basa en la instalación de cámaras comunitarias, botones de pánico y vigilantes de seguridad privada en los parques de la ciudad, y en el trabajo articulado con la institucionalidad que, según nuestro alcalde, ha sido contundente para bajar los índices de criminalidad.

Ahora bien, la pregunta es: ¿cuáles son las herramientas que ha entregado la administración municipal a los organismos de seguridad del orden local si no se han ejecutado durante este mandato proyectos de inversión establecidos en el PISCC 2024-2027, financiados por el Fondo de Seguridad Territorial del municipio de Sincelejo?

¿Cómo somos ejemplo nacional en seguridad si aún son altos los riesgos sociales dinamizadores de criminalidad por el aumento de las tasas de desempleo e informalidad en las que ocupamos el primer lugar del orden nacional, necesidades básicas insatisfechas que traen pobreza dimensional y desigualdad social, déficit cuantitativo y cualitativo de vivienda, violencia intrafamiliar con la mitad de los casos registrados en todo el departamento, problemas de infraestructura escolar, entre otras variables, que tienen un alto grado de insatisfacción en la ciudad por tener deficientes porcentajes de ejecución en proyectos de inversión social para atenderlos? Todos estos ejes transversales son importantes para la seguridad humana y la justicia social.

No es casualidad que, para entender el cambio abrupto en los índices de criminalidad del 2023 al 2024, Juan Diego Alvira de la W, en su reciente visita a Sincelejo, en su programa «Sin carreta», haya preguntado al alcalde sobre la teoría de una “paz arreglada” por debajo de la mesa entre actores no institucionales; la respuesta era de esperarse: «No hay pruebas». De seguro esto puede estar pasando en el presente de un multiverso sincelejano ficticio.

Lo cierto es que la construcción del “tergiverso” de la «Ciudad más segura» le está costando un ojo a la administración actual; ojalá nos hablaran de los contratos de publicidad en el orden de los 1.200 millones de pesos celebrados entre una fundación oficialista con el Grupo Prisa Media, dueños de Caracol Radio, La W Radio, Tropicana, entre otros medios de comunicación.

Los contratos millonarios de publicidad con un periódico local (que no habla mal mientras las administraciones le paguen bien) o de algunos medios alternativos en redes sociales para dejar en el imaginario de la opinión pública local y nacional una versión de seguridad de Sincelejo que está lejos de la realidad imperante en los índices de criminalidad en el resto del territorio nacional.

Posdata: Volvamos a la triste realidad: la cifra del déficit fiscal es de 57.000 millones. Es decir, la administración despilfarró 158 millones de pesos diarios durante 365 días del año fiscal 2024.

 

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