Efecto Milei 2.0

Los logros económicos del primer año de gobierno de Javier Milei como presidente de la República de Argentina resaltan a la vista: reducción de la inflación, tipo de cambio, reservas brutas, déficit fiscal, recuperación de la banca central, riesgo país, inversión extranjera, fortalecimiento de la moneda, hechos irrefutables que la oposición latinoamericana observa con profunda impotencia.

Sin embargo, existe un factor económico y social que la izquierda utiliza en su narrativa como un punto negro en la gestión del mandatario: los índices de pobreza. Este relato amerita un capítulo especial.

Al cierre del gobierno de Alberto Fernández, Argentina era una economía con control de precios y déficit fiscal financiado con emisión monetaria que alcanzaba 13 puntos del PBI. Esto genera una estimulación artificial en la demanda, ejerciendo presión sobre los precios; además, implica que la inflación se desfigure, al mismo tiempo desforma los ingresos percibidos.

Como el Estado mide la línea de pobreza de acuerdo con ingresos distorsionados, las personas no pueden adquirir bienes y servicios porque no los encuentran en el mercado. En consecuencia, existía una alteración en los niveles de pobreza que se mostraban en un 41%. Empero, al entrar Milei y sincerar los precios regulados de la canasta familiar, la pobreza real heredada alcanzaba cifras del 57%; hoy ronda el 53% y, en la lógica económica, seguirá bajando como consecuencia de la disminución de la inflación, reflejándose en los salarios reales que recuperan su capacidad de pago. En el corto plazo seguirá esa tendencia.

El aspecto económico es importante, faltaba más, pero lo más relevante de Javier Milei es el contagio de cambio en la mentalidad de las personas hacia las ideas de la libertad; es decir, el presidente está dando la batalla cultural y la está ganando. De hecho, utiliza como ejemplo a Chile, una nación que logró su máximo crecimiento en lo económico con el libre mercado y el capitalismo, pero que, gracias a la influencia del posmarxismo, echó a la basura años de trabajo y políticas liberales para abrazar las ideas del socialismo que hoy tienen en serios problemas al país austral.

Se está quedando en la retina de las personas, en especial de los jóvenes, que desde el liberalismo existen políticas económicas que impulsan a los países hacia el desarrollo y mejoramiento de las condiciones de vida de sus habitantes; que lo importante es la libertad para vivir en paz y prosperidad; que entre más grande es la burocracia del Estado, más impuestos tiene que cobrar; que a más tributos, menos productividad y más pobreza; que el Estado no es ningún benefactor social; todo lo contrario, es el peor de todos los males.

Milei es un outsider, un académico de tiempo completo. Gracias a su pedagogía, carácter y a los evidentes resultados de su primer año de gestión, hoy podemos apreciar claramente la existencia de dos vías: la del bien y la del mal; una senda para la inmoralidad y otra soportada en la moralidad y las buenas costumbres.

Es decir, contamos con la libertad para elegir entre el camino de servidumbre del Estado omnipotente que nos mira como ingenuos y mendigos, cuales perros falderos que necesitan migajas para mover la cola; o el sendero del individualismo que solo requiere las garantías del derecho a la vida, la libertad y la propiedad privada para ampliar el espectro de las oportunidades desde el capitalismo, el ahorro y el trabajo duro, duro, duro.

El libre albedrío para seguir sumisos o despertar como leones, ese es el verdadero efecto Javier Milei.

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