Este periodo en el que se ha definido un nuevo presidente de la república y debemos esperar hasta su posesión siempre está repleto de emociones. Las elecciones recientes demostraron que el giro a la derecha de las nuevas generaciones aún no es palpable en Colombia y los temas relacionados con los movimientos sociales, ambientales y la búsqueda de las reformas estatales, siguen motivando a los jóvenes entre 18-25 años a votar por la izquierda.
Por esto, las redes sociales se llenaron de videos de jóvenes llorando por los resultados, pues muchos afirman que con el nuevo gobierno se vulnerarán derechos y se destruirá lo que se ha trabajado que, según afirman es mucho, aunque los datos los contradigan.
Durante estos cuatro años, en los que creímos que íbamos a tener un revolcón con las reformas, no se logró ninguna de ellas por la soberbia del gobierno; se atendió parcialmente a las comunidades marginadas, como la mejora en el PAE del Chocó, pero no se brindaron soluciones estructurales de conectividad e infraestructura; tampoco se avanzó en derechos de otras comunidades y fueron constantes las marchas de los indígenas que reclamaban por las faltas del gobierno.
Presiento que nos estamos dejando nublar por la emoción que cultivaron las campañas y la ansiedad mediática en el ambiente para decir que estamos perdiendo algo que nunca tuvimos.
Parte de la razón por la que considero que no hubo avances significativos estuvo en que, como jóvenes, nos confiamos en que nuestras quejas habían sido escuchadas y estaban siendo gestionadas. Pero, lo que ocurrió, es que este gobierno se apropió de las movilizaciones e invisibilizó constantemente las quejas de la sociedad con el fin de vender la idea de que cualquier manifestación era a favor del gobierno. La derecha que se estrenaba siendo oposición marchó poco y a veces sólo por ir en contra del gobierno, no hubo propuestas o arengas memorables.
Ahora bien, no vale la pena echar retrovisor ni mucho menos tomarnos las calles sin tener certezas, sino justamente esperar con paciencia a que el nuevo gobierno entre, tomarnos el tiempo de evaluar en qué avanzó realmente este gobierno que dejamos atrás y empezar a escuchar los nuevos discursos que promueven un llamado a la unidad. Esta campaña fue profundamente violenta, nos separó, nos sumió en nuestras burbujas informativas. Tenemos mucho por lo que debemos luchar, otras cosas que habrá que defender, pero sin duda lo que más nos merecemos es sanar y construir puentes con los diferentes para que entre todos gestemos las soluciones.
Si un aprendizaje nos dejó este gobierno es que no tenemos que esperar a tener un presidente con el que simpaticemos para empezar a crear los cambios que reclamamos y necesitamos. Hay movimientos juveniles, grupos liderados por congresistas o privados, emprendimientos que hemos creado y que ahora más que nunca merecen que no nos dejemos nublar por la emoción que cultivaron las campañas y la ansiedad mediática en el ambiente.
El poder, el cambio y el país sigue estando en nuestras manos.
Debemos sacudirnos la tristeza, festejar la democracia y ponernos a la tarea de pensar, reflexionar y trabajar por el país. Les propongo que en este mes que queda antes de la nueva posesión del congreso, busquemos a un “adversario político” y conversemos sobre nuestras visiones de país. Ya no es necesario convencer a nadie de votar por un candidato, la decisión ya fue tomada, y, sin ese ruido de fondo, tal vez entre los jóvenes podamos construir con argumentos sólidos y soluciones contundentes la unidad nacional que nuestro contexto nos reclama.