El lujo de poder escoger

Por primera vez en mucho tiempo, Colombia parece acercarse, al menos en la antesala de las elecciones, a algo parecido al mejor de los mundos. No porque todo esté resuelto ni porque el país haya dejado atrás sus problemas. Al contrario: venimos de años complejos, de polarización, de incertidumbre económica y de decisiones políticas que han puesto a prueba las instituciones. Pero, justamente por eso, el escenario que hoy se abre resulta interesante.

Por primera vez en varias elecciones muchos ciudadanos no están pensando únicamente en votar en contra de alguien, sino en escoger el tipo de país que quieren. Al menos en la primera vuelta que se avecina en mayo. Y eso ya es una buena noticia.

De un lado, aparece una fórmula encabezada por un patriota en todo el sentido de la palabra. Más allá de simpatías o diferencias, si algo ha quedado claro es su profundo amor por el país y su convicción de que Colombia necesita un giro, un cambio de rumbo y una mano más firme frente a los problemas que nos aquejan. Abelardo De la Espriella, además, representa algo muy colombiano: el prototipo de un costeño en toda su expresión; alegre, espontáneo, directo, sin pelos en la lengua, una forma de ser que a veces choca con la cultura política más contenida y formal del centro del país.

Quizá lo más interesante es que él mismo ha reconocido que no se las sabe todas y que nadie gobierna solo. Por eso ha decidido acompañarse de un técnico sólido: un economista rosarista, educador y administrador con trayectoria, José Manuel Restrepo, alguien que entiende el funcionamiento del Estado, la economía y la academia.

Del otro lado, aparece una dupla que, como ellos mismos han dicho con algo de humor, es un verdadero “arroz con mango o arroz atollado”. Pero quizá eso sea precisamente lo que refleja Colombia: un país diverso, complejo y lleno de matices. Allí encontramos a una mujer valiente, con carácter y liderazgo probado, que ha insistido en un mensaje que hoy resulta incómodo para muchos: el de la inclusión y la necesidad de volver a escucharnos como sociedad, incluso cuando el otro piensa distinto. Ese llamado a la unidad, paradójicamente, ha sido lo que más críticas le ha generado en las últimas semanas.

La acompaña Juan Daniel Oviedo, otro economista rosarista con perfil técnico similar al de Restrepo, pero además con una historia que dice mucho de la Colombia que somos hoy: abiertamente gay, formado en la academia, con trayectoria en el sector público y con una mirada pragmática del país. Pero lo más interesante es lo que su presencia ha puesto sobre la mesa: el absurdo de las etiquetas políticas. Porque en Colombia todavía pareciera que querer la paz es ser “santista”, que hablar de inclusión es ser de izquierda, o que defender la seguridad es automáticamente ser de derecha dura.

Ese juego de etiquetas nos tiene fregados como sociedad. Nadie se entregó por querer la paz. Nadie deja de defender la institucionalidad por reconocer que el país necesita reconciliación. Y nadie pierde su amor por Colombia por estar dispuesto a escuchar al que piensa distinto.

Hace décadas Colombia no veía algo así en el espectro del centro y la derecha: dos fórmulas competitivas, con perfiles distintos, pero con capacidades técnicas y liderazgo político.

Hoy no hay muchas dudas sobre los pilares del sistema político y económico que han permitido que Colombia avance durante décadas. Lo que sí está en juego es cómo hacerlo mejor, cómo corregir errores y cómo reconstruir confianza.

COMPARTIR
COMPARTIR
COMPARTIR

Más Columnas

Imagen de Perfil

El lujo de poder escoger

Imagen de Perfil

El desarraigo

Imagen de Perfil

Hablar contra Uribe: la estrategia de Iván Cepeda para conseguir votos

Imagen de Perfil

No salvaron la cultura ni la convivencia: salvaron la contratación

Imagen de Perfil

El Catastro que no planea: Sincelejo y el mapa que nadie usa

Imagen de Perfil

Sampués: mucho talento, cero estructuras